"Los Estudiantes aparecieron ante mi vista de halcón. Unos, como en rebaño, llevaban pancartas y recitaban un lema que desde esa altura no podía entender. Otros, como avispas que entran y salen de un enjambre, con el paso ágil, alerta, y un periódico en la mano, increpaban a los ciudadanos, se adelantaban al grupo y oteaban en las esquinas sin ver lo que a mí en ese momento ya me era dado divisar: varias furgonetas de la policía se detenían en un cruce a mi izquierda y empezaban a ascender en formación hasta la calle por donde muy pronto iban a transitar los Estudiantes, pobres, que seguían gritando, ahora podía oírles, «¡Franco asesino!», a sabiendas de que eso estaba muy mal visto. Las voces eran desgarradas y por encima de ellas sobrevolaba una emocionante tristeza, era una manifestación de tarde de domingo; no como otras que había visto en las que los Estudiantes, imitando un sifón, empezaban a decir nada más ver a la policía y en reflejo verbal de sus movimientos: «¡Que vienen! ¡Que vienen! (aquí el sifón). ¡Ya llegan! ¡Ya llegan! Sh-sh. ¡Ya bajan del carro! Sh-sh. ¡Ya sacan las porras! Sh-sh».miércoles, 25 de febrero de 2009
Viento y joyas. El día del Watusi. Francisco Casavella.
"Los Estudiantes aparecieron ante mi vista de halcón. Unos, como en rebaño, llevaban pancartas y recitaban un lema que desde esa altura no podía entender. Otros, como avispas que entran y salen de un enjambre, con el paso ágil, alerta, y un periódico en la mano, increpaban a los ciudadanos, se adelantaban al grupo y oteaban en las esquinas sin ver lo que a mí en ese momento ya me era dado divisar: varias furgonetas de la policía se detenían en un cruce a mi izquierda y empezaban a ascender en formación hasta la calle por donde muy pronto iban a transitar los Estudiantes, pobres, que seguían gritando, ahora podía oírles, «¡Franco asesino!», a sabiendas de que eso estaba muy mal visto. Las voces eran desgarradas y por encima de ellas sobrevolaba una emocionante tristeza, era una manifestación de tarde de domingo; no como otras que había visto en las que los Estudiantes, imitando un sifón, empezaban a decir nada más ver a la policía y en reflejo verbal de sus movimientos: «¡Que vienen! ¡Que vienen! (aquí el sifón). ¡Ya llegan! ¡Ya llegan! Sh-sh. ¡Ya bajan del carro! Sh-sh. ¡Ya sacan las porras! Sh-sh».domingo, 15 de febrero de 2009
Brooklyn Follies. Paul Auster.

"... Hace poco tiempo que he empezado una nueva vida, y estoy muy contento de la decisión que tomé de instalarme en Brooklyn. Después de tantos años viviendo en el extrarradio, creo que la ciudad me va bien, y ya he empezado a tomarle cariño a mi barrio, con su cambiante mezcla de blanco, marrón y negro, su intrincado coro de acentos extranjeros, sus niños y sus árboles, sus laboriosas familias de clase media, sus parejas de lesbianas, sus tiendas de comestibles coreanas, el santón hindú de bata blanca que me saluda con una inclinación siempre que nos cruzamos por la calle, sus enanos y lisiados, sus ancianos pensionistas que avanzan paso a paso por la acera, las campanas de sus iglesias y sus diez mil perros, la furtiva población de vagabundos sin hogar, carroñeros solitarios que deambulan por las calles empujando sus carritos de la compra, hurgando en la basura en busca de botellas."
domingo, 8 de febrero de 2009
El chino. Henning Mankell.

"Le llevó más de una hora llegar a la plaza de Tiananmen. Era la más grande que había visto en su vida. Se accedía a ella por un camino peatonal que discurría bajo Jiangumennei Daije. Rodeada de miles personas, empezó a caminar por la plaza. Por todas partes se veía gente haciendo fotografías y blandiendo banderitas y vendedores de agua y de tarjetas postales.
Se detuvo y miró a su alrededor. El cielo estaba brumoso, faltaba algo... Tardó un rato en caer en la cuenta.
Pajarillos. O palomas. No había ni rastro; sin embargo, sí había gente por todas partes, gente que advertía tan escasamente su presencia como notaría su repentina desaparición.
Recordaba las imágenes de 1989, cuando los estudiantes manifestaron sus exigencias de mayor libertad de pensamiento y de expresión, y el desenlace, cuando los carros de combate entraron rodando en la plaza masacrando a muchos de los manifestantes. «Aquí hubo una vez un hombre con una bolsa de plástico blanca en la mano», se dijo. «Todo el mundo lo vio por televisión, conteniendo el aliento. Se colocó ante un carro de combate y se negó a retirarse. Como un pequeño e insignificante soldado de plomo, su figura concretaba toda la oposición que un ser humano es capaz de concitar. Cuando intentaban pasar a su lado, el hombre se cambiaba de sitio. Birgitta no sabía qué sucedió al final, pues jamás vio esa imagen. Sí sabía, en cambio, que cuantos habían muerto aplastados por los carros de combate o por los disparos de los soldados eran personas de carne y hueso."
Pajarillos. O palomas. No había ni rastro; sin embargo, sí había gente por todas partes, gente que advertía tan escasamente su presencia como notaría su repentina desaparición.
Recordaba las imágenes de 1989, cuando los estudiantes manifestaron sus exigencias de mayor libertad de pensamiento y de expresión, y el desenlace, cuando los carros de combate entraron rodando en la plaza masacrando a muchos de los manifestantes. «Aquí hubo una vez un hombre con una bolsa de plástico blanca en la mano», se dijo. «Todo el mundo lo vio por televisión, conteniendo el aliento. Se colocó ante un carro de combate y se negó a retirarse. Como un pequeño e insignificante soldado de plomo, su figura concretaba toda la oposición que un ser humano es capaz de concitar. Cuando intentaban pasar a su lado, el hombre se cambiaba de sitio. Birgitta no sabía qué sucedió al final, pues jamás vio esa imagen. Sí sabía, en cambio, que cuantos habían muerto aplastados por los carros de combate o por los disparos de los soldados eran personas de carne y hueso."
sábado, 31 de enero de 2009
El doctor Zhivago. Borís A. Pasternak.
»Yo vivo en una populosa encrucijada de la ciudad. Moscú en verano, cegadora de sol, ardiendo en los asfaltos de sus patios, que lanza reflejos desde las ventanas de los pisos superiores y respira la floración de las nubes y de las calles, me rodea por todas partes y hace dar vueltas a mi cabeza, y quiere que para su gloria yo haga dar vueltas a las cabezas de los demás. Con esta intención me he educado y entregado en manos del arte.»La calle que rumorea sin tregua día y noche, se halla estrechamente vinculada al alma contemporánea, como las primeras notas de una abertura, cuando el telón del teatro, lleno de misterio y tinieblas, no se ha levantado aún, pero ya inciden sobre él las luces de los focos. La ciudad que rumorea y resuena incesantemente, sin tregua, al otro lado de las puertas y las ventanas, es para cada uno de nosotros la gran abertura de la vida. Me gustaría escribir sobre la ciudad según estos conceptos.»
Entre las poesías de Zhivago no se encontró ninguna de este género. ¿Acaso el poema Hamlet puede figurar en este grupo?
lunes, 26 de enero de 2009
The kite runner. Khaled Hosseini.

"The conversation inevitab]y turned to the Taliban. "Is it as bad as I hear?" I said.
"Nay, it's worse. Much worse," he said. "They don't let you be human." He pointed to a scar above his right eye cutting a crooked path through his bushy eyebrow. "I was at a soccer game in Ghazi Stadium in 1998. Kabul against Mazar-i-Sharif, I think, and by the way the players weren't allowed to wear shorts. Indecent exposure, I guess." He gave a tired laugh. "Anyway, Kabul scored a goal and the man next to me cheered loudly. Suddenly this young bearded fellow who was patrolling the aisles, eighteen years old at most by the look of him, he walked up to me and struck me on the forehead with the butt of his Kalashnikov.
Do that again and I'll cut out your tongue, you old donkey!' he said." Rahim Khan rubbed the scar with a gnarled finger. "I was old enough to be bis grandfather and I was sitting there, blood gushing down my face, apologizing to that son of a dog.""
"Nay, it's worse. Much worse," he said. "They don't let you be human." He pointed to a scar above his right eye cutting a crooked path through his bushy eyebrow. "I was at a soccer game in Ghazi Stadium in 1998. Kabul against Mazar-i-Sharif, I think, and by the way the players weren't allowed to wear shorts. Indecent exposure, I guess." He gave a tired laugh. "Anyway, Kabul scored a goal and the man next to me cheered loudly. Suddenly this young bearded fellow who was patrolling the aisles, eighteen years old at most by the look of him, he walked up to me and struck me on the forehead with the butt of his Kalashnikov.
Do that again and I'll cut out your tongue, you old donkey!' he said." Rahim Khan rubbed the scar with a gnarled finger. "I was old enough to be bis grandfather and I was sitting there, blood gushing down my face, apologizing to that son of a dog.""
domingo, 18 de enero de 2009
Viaje a la Alcarria. Camilo José Cela
martes, 13 de enero de 2009
La mancha humana. Philip Roth.

"Hacia la segunda mitad de su segundo semestre como profesor permanente, Coleman pronunció el par de palabras fatídicas que le harían cortar voluntariamente todos sus vínculos con la universidad, las dos palabras fatídicas entre los muchos millones que había pronunciado en sus años de enseñanza y administración en Athena, y la palabra que, tal como Coleman entendía las cosas, causó la muerte de su esposa. Catorce eran los alumnos de la clase, y Coleman había pasado lista al comienzo de las primeras lecciones, a fin de aprenderse sus nombres. Puesto que en la quinta semana del semestre aún había dos nombres a los que nadie respondía, a la sexta semana Coleman preguntó al inicio de la clase:
-¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han hecho negro humo?
Al cabo de unas horas se sorprendió al ser llamado por su sucesor, el nuevo decano de la facultad, para comunicarle la acusación de racismo efectuada contra él por uno de los dos alumnos que no asistían a clase, el cual resultó ser de raza negra y, pese a estar ausente, se había enterado enseguida de la expresión con la que el profesor había planteado públicamente el problema de su ausencia."
-¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han hecho negro humo?
Al cabo de unas horas se sorprendió al ser llamado por su sucesor, el nuevo decano de la facultad, para comunicarle la acusación de racismo efectuada contra él por uno de los dos alumnos que no asistían a clase, el cual resultó ser de raza negra y, pese a estar ausente, se había enterado enseguida de la expresión con la que el profesor había planteado públicamente el problema de su ausencia."
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