martes, 15 de abril de 2008

La vuelta al mundo de un novelista (2). Los tres cabellos de Buda. Vicente Blasco Ibáñez


"Se extiende el oro por los santuarios, y los reflejos pálidos y discretos de su materia tallada parecen un homenaje de humildad ante el oro cegador y estrepitoso del cono central. Hay templos cuyo dorado empieza a desconcharse con la viruela blanca de los siglos. Otros de construcción reciente ofrecen el color gris de la albañilería, en espera de generosos devotos que paguen los adornos que deben cubrirlos. Veo santuarios completamente azules. Tienen sobre sus láminas de laca celestes flores y hojas nacaradas que forman enrejados blancos con reflejos de perla. Y todos estos templos, apoyados unos en otros para disputarse un terreno cada vez más escaso, ofrecen el mismo aspecto de amontonamiento que los panteones de las necrópolis occidentales."

jueves, 10 de abril de 2008

Autobiografía de un adicto al opio. H.R. Robinson



"Antes del alba, una mañana de noviembre, salí de mi camarote para ser testigo una vez más de la magia del amanecer sobre el delta del Irrawaddy. Por encima de los bancos de arena cubiertos de niebla, se erguían los htis de pequeñas pagodas blancas, pero eran los primeros rayos del sol sobre el dorado hti de la pagoda Shwe Dagon lo que yo estaba esperando ver. Era mi saludo de bienvenida a mi regreso a Birmania, mi país de adopción, el país que conocía y conocería aún los extremos de mi dicha y de mi tragedia. Anhelaba esa tierra como el alma puede anhelar su unión con el infinito, pero incluso en ese anhelo había tristeza, una aguda sensación semejante a la despedida."

domingo, 30 de marzo de 2008

Un lugar llamado Nada. Amy Tan


"Al cruzar la frontera y entrar en Birmania, por la ventana del autobús se ven las mismas bonitas flores que en China: margaritas amarillas, hibiscos escarlata y lantanas que crecen con tanta profusión como la mala hierba. Nada cambia de un país a otro, o al menos eso les parerció a mis amigos.
Pero, en realidad, todo se había vuelto repentinamente más denso y salvaje, devorándose a sí mismo como hace la naturaleza cuando se la descuida durante un centenar de años. Fue la sensación que tuve cuando crucé esa frontera, como si yo, al igual que H.G.Wells en su máquina del tiempo, conservara la misma conciencia pero hubiese sido catapultada al pasado."

domingo, 23 de marzo de 2008

Bajo el dragón. Viajes por Birmania, un país traicionado. Rory MacLean



"El padre de Ni Ni se quedó sin trabajo a finales de aquel verano. Le habían acusado de hablar de política con los extranjeros, un infundio de otro masajista más joven que codiciaba su puesto. El encargado del hotel le despidió sin contemplaciones. Más valía echar a un empleado que arriesgarse a tener problemas con las autoridades. Lo irónico era que el padre de Ni Ni había criticado realmente al régimen mientras masajeaba la espalda a los suecos bronceados y relajaba los músculos cansados de los tailandeses."

sábado, 15 de marzo de 2008

Los días de Birmania. George Orwell


"- ¡Ah doctor! - dijo Flory tendido en el sillón-. !Qué alegría más grande estar aquí después de haber pasado por ese condenado Club! Cuando vengo a su casa me siento como un pastor no-conformista que se escabulle de la ciudad y se marcha a casa con una fulana. Necesitaba descansar de ellos -señaló con el tacón en dirección al Club-, de mis queridos compañeros, los baluartes del Imperio. El prestigio británico, la carga que tiene que soportar el hombre blanco, el pukka Sahib sans peur et sans reproche ..., ya me entiende. Menudo alivio estar alejado de toda esta porquería por un rato."

viernes, 7 de marzo de 2008

El arpa birmana. Michio Takeyama





"A donde quiera que uno se dirige en Birmania, la gente de aquí es animada. Se enfrentan a la vida y a la muerte siempre con la misma sonrisa. Las cosas de este mundo y las del otro, si son enojosas, se las confían enteramente a Buda; por lo demás viven libres de egoísmo, en una envidiable indiferencia. Y así labran la tierra, cantan, bailan y disfrutan cada día que pasa.
Birmania es una tierra pacífica. Es débil y pobre, pero aquí se encuentran flores, música, resignación, luz del sol, Budas, y sonrisas..."

domingo, 2 de marzo de 2008

El afinador de pianos. Daniel Mason


"En medio del caos del duelo, cuando todos se marcharon y se llevaron al niño, Edgar distinguió la moneda en el suelo, sobre la huella que el cuerpo había dejado en la tierra. Supuso que nadie había reparado en ella, y la cogió sencillamente porque era del pequeño y no le pareció bien que se perdiera en aquel rincón de la selva. Edgar no sabía que se equivocaba: ni la habían pasado por alto ni la habían olvidado; brillaba como el oro bajo la luz del sol, y todos los críos la habían visto y la habían deseado. Pero lo que los niños sabían, y él no entendía, se lo podrían haber explicado cualquiera de los mozos que cargaban cajones en el tren. Le habrían dicho que los talismanes más poderosos son los que se heredan, y que con ellos se transmite también la suerte."